Dermatología solidaria

Nuestro trabajo en Burundi

El proyecto nació a partir de una historia concreta: la llegada a España de Gilby, un niño burundés con graves cicatrices secundarias a quemaduras que fue intervenido en el Hospital Ruber Internacional. Aquella experiencia nos acercó a una realidad sanitaria marcada por la escasez de recursos, la falta de especialistas y la enorme dificultad para diagnosticar y tratar muchas enfermedades que, en otros contextos, tendrían solución. 

Desde entonces, viajamos cada año a Burundi con un equipo médico trabajando sobre el terreno en colaboración con organizaciones locales e internacionales. Nuestro enfoque se basa en el altruismo efectivo: no se trata solo de ayudar, sino de intentar ayudar mejor, identificando necesidades reales y priorizando aquellas acciones que puedan transformar la vida de más personas de forma sostenible. 

Diagnóstico: el primer laboratorio de anatomía patológica

Uno de los hitos principales ha sido la creación y consolidación del primer laboratorio de anatomía patológica de referencia en un hospital público de Burundi, impulsado junto a Fundación Recover y Fundación Kyrikú. En un país donde muchos tumores se extirpaban sin poder analizarse, disponer de un laboratorio permite diferenciar lesiones benignas de malignas, infecciones de tumores, y orientar tratamientos con mayor precisión. 

Además, hemos trabajado en la formación del personal local y en el uso de plataformas de telemedicina, para que las muestras puedan ser valoradas también por profesionales desde España. 

Campañas dermatológicas y tratamiento de úlceras

Una de las realidades que más nos impactó en Burundi fue la cantidad de niños y adultos con úlceras cutáneas enormes, muchas veces dolorosas, incapacitantes y con riesgo de terminar en amputaciones. Por ello, hemos puesto en marcha campañas dermatológicas centradas en dos líneas: tratar mejor las heridas y estudiar sus causas. 

En estas campañas atendemos pacientes, enseñamos técnicas de cura más eficaces y recogemos muestras para estudios anatomopatológicos y moleculares. La incorporación de especialistas en cicatrización, como la Dra. Elena Conde, nos ha permitido mejorar nuestros protocolos. A veces, curar mejor no significa hacer más, sino hacer lo necesario: reducir manipulaciones innecesarias, espaciar curas cuando la evolución es adecuada, proteger la piel perilesional, limitar antibióticos a los casos indicados y tratar siempre la causa de la herida. 

Zapatos para prevenir enfermedad

También hemos desarrollado iniciativas preventivas sencillas, pero de gran impacto. En una escuela infantil de Burundi entregamos cientos de pares de zapatos adquiridos en comercios locales, con un doble objetivo: proteger a los niños que acuden descalzos al colegio y contribuir a la economía de la zona. 

El calzado puede prevenir enfermedades incapacitantes relacionadas con caminar descalzo, como la podoconiosis, además de reducir heridas, infecciones y otras lesiones evitables. A veces, una intervención aparentemente simple puede cambiar mucho la vida diaria de un niño. 

Deporte, salud y comunidad

En Ndava hemos construido el primer campo de baloncesto de la comuna. El deporte es salud, pero también es educación, convivencia, disciplina y esperanza. La cancha se ha convertido en un espacio comunitario utilizado por los niños, con la idea de seguir desarrollando una escuela de baloncesto en el futuro. 

Una forma de entender la solidaridad

Burundi nos ha enseñado que la solidaridad debe ser humilde, práctica y medible. Por eso nuestro proyecto se apoya en cuatro pilares:

1. Diagnóstico, mediante el laboratorio de anatomía patológica y la telemedicina. 

2. Asistencia médica, especialmente en dermatología, heridas y úlceras complejas. 

3. Formación local, para que el conocimiento permanezca en Burundi. 

4. Prevención y comunidad, con iniciativas como el calzado infantil y el deporte. 

Creemos en una cooperación que escuche antes de actuar, que forme antes de sustituir y que busque resultados duraderos. Burundi se ha convertido para nosotros en mucho más que una misión médica. Burundi nos enseña todo cuando no hay nada.